logo
header-add

Paridad sin rigor: cuando el discurso no alcanza

por Karla Pulido
03-05-2026

Comparte en

En México se repite como mantra: “es tiempo de mujeres”. Pero entre el discurso y la realidad hay una grieta que empieza a incomodar… y a evidenciarse.

Lo que ocurre en Sinaloa encendió la conversación. La designación de una mujer como interina desató críticas que se fueron por el camino fácil: descalificar su origen. Ese ataque es irrelevante. El verdadero tema es otro: ¿tiene la experiencia, el temple y la capacidad para gobernar un estado con la complejidad de Sinaloa? Porque ahí no hay margen de error.

 

Y ahí aparece el problema de fondo: la improvisación disfrazada de inclusión.

 

No es un caso aislado. En Baja California, la gobernadora enfrenta cuestionamientos públicos y revisiones sobre su gestión y su entorno. Más allá de lo que se confirme o no, el nivel de ruido ya erosiona la confianza. En política, la percepción también gobierna.

A nivel federal, los movimientos dentro del gabinete alimentan la misma sensación. La salida de perfiles y la posible llegada de otros —como los rumores que han colocado a Luisa María Alcalde fuera de ciertas posiciones para abrir paso a Ariadna Montiel— no terminan de explicarse bajo un criterio claro de fortalecimiento institucional. Parecen, más bien, piezas que se mueven en función de conveniencias políticas.

Y entonces la pregunta se vuelve inevitable:

¿se está privilegiando la narrativa sobre la capacidad?

Porque sí, es tiempo de mujeres. Pero eso no puede ser excusa para bajar el estándar. La paridad no se construye llenando espacios, sino asegurando que quienes los ocupan tengan trayectoria, preparación y resultados que los respalden.

El riesgo es profundo. Cuando un nombramiento no está bien sustentado, no solo se compromete la gestión: también se alimenta el prejuicio de que la inclusión fue simulada. Y eso termina afectando a todas.

México no necesita símbolos. Necesita perfiles sólidos.

No necesita cuotas vacías. Necesita decisiones con sustento.

 

Porque gobernar no es un mensaje político. Es una responsabilidad real.

 

Y hoy, frente a nombramientos que generan más dudas que certezas, la exigencia debe ser la misma para todos:

mérito, capacidad y resultados.

Sin excepción.

 — karla Pulido