José
Luis Camacho Acevedo.
Estados
Unidos no es la excepción de que sus políticos ya estén viviendo una sucesión
presidencial adelantada.
No tan
adelantada como lo que ocurre en México donde ya calientan varios caballos y
yeguas de distintas cuadras, y lo hacen cuando aún no se encuentra ni listo
el hipódromo en el que se correrá la gran carrera presidencial 2030.
El vecino país
vive en la actualidad una fiebre político-electoral porque ya estamos a escasos
cuatro martes de que se celebren las elecciones intermedias.
En esos comicios
el partido Republicano, que es en el milita Donald Trump, se puede marcar una
tendencia rumbo a la elección presidencial del año 2028, ya que puede perder
la mayoría que tiene en el Congreso con todo lo que ello significa para la
gobernanza estilo Trump.
Hay un caso muy
sintomático del rechazo a los republicanos en algunos estados muy importantes
por los números tan altos que tienen a la hora del conteo de votos.
Ese síntoma se
aprecia claramente en el estado de Texas, bastión del partido de Trump, que
tiene 40 votos electorales, muy cerca de los 54 que tiene California que es el
principal bastión demócrata.
En Texas las preferencias
se están inclinando por tener un gobernador de extracción Demócrata porque su
electorado ya no quiere una quinta reelección de Greg Abbott.
Abbott
tiene una contrincante demócrata, Gina Hinojosa, que tiene una ventaja de más
de 15 puntos en las más reconocidas encuestas.
También en Texas
el Partido Liberal ha logrado crear una corriente contraria a otra reelección
de Abbott, que tiene como líder a Pat Dixon.
Por los
republicanos la figura de Marco Rubio sigue creciendo al grado de superar en
popularidad al vicepresidente J. D. Vance.
Rubio acaba de
pronunciar en Colombia un discurso que, al mejor estilo de su jefe y amigo
Donald Trump, presagia el fin de las izquierdas en América Latina:
La violencia de la izquierda no es una “protesta”.
Es una revuelta de lo peor contra lo mejor. Es la pataleta de los débiles, los
mediocres y los cobardes contra los fuertes, los capaces y los buenos.
Son aquellos que no saben construir, crear ni
lograr nada grande… y por eso deciden vengarse del mundo destruyendo lo que
otros levantaron con esfuerzo, talento y visión.
(Muchos analistas consideran que esta parte del
discurso de Rubio va dirigida a los presidentes de Brasil, Nicaragua y Cuba;
así como al ex presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador)
Y siguió el poderoso secretario de Estado, que
ahora, igual que lo fue Henry Kissinger en su momento, también es el asesor
presidencial en materia de seguridad:
“Eso es el izquierdismo radical en su esencia más
pura. Da igual la etiqueta del momento: anticapitalista, antiimperialista,
comunista, anarquista, marxista, “progresista” o “activista climático”. El ADN
es siempre el mismo.
Es resentimiento venenoso disfrazado de “justicia
social”.
Es envidia podrida maquillada de “igualdad”.
Es odio a la excelencia envuelto en banderas de
“liberación”.
Su único talento es destruir.
Su única alegría es ensuciar lo hermoso.
Su único objetivo es arrastrar todo hacia abajo
para que nadie brille más que su propia mediocridad.
A través de la violencia, el terror y la
cancelación buscan imponer su fealdad espiritual sobre la sociedad. No es
idealismo. No es utopía. Es nihilismo puro con sonrisa moralista.
El viejo dogma se equivocó: esto no viene de gente
que sueña con un mundo mejor, sino de gente que no soporta que el mundo sea
mejor sin ellos.
Y ya estamos hartos.
La civilización no se defiende pidiendo perdón. Se
defiende nombrando al enemigo por su nombre.”
Seguramente
después del martes 3 de noviembre, en caso de que los republicanos perdieran
varias gubernaturas y lugares en el Congreso, se habrán de escuchar nuevas
arengas de Marco Rubio, entre otros republicanos que tengan autoridad ante los
electores como Ted Cruz, senador texano; Ron DeSantis, gobernador
de Florida; Rand Paul, senador de Kentucky; Nikki Haley que ya
fue candidata en el 3034; Mike Pompeo, ex secretario de Estado e
incluso Donald Trump Jr, quien ha guardado hasta la fecha un perfil bajo pero
que tiene una gran influencia en las decisiones de su padre y lleva la gran
ventaja de tener la marca Trump, que sin duda en un hándicap muy faborable.
Todos con una
narrativa en contra de las dictaduras latinoamericanas.
Será la
narrativa de un personaje, Marco Rubio, que pudiera ser el candidato
presidencial in péctore de Donald Trump.
Se
advierte ya que en lo que se refiere a la sucesión presidencial adelantada, en
Estados Unidos se cuecen las habas de manera muy parecida a como lo hacen en
México.
Poco
tendremos que vivir para ver quién es el ganador del hándicap presidencial de
Estados Unidos.

