José Luis Camacho Acevedo
Ya he consignado
en mis redes sociales mi pésame por el sensible fallecimiento del gran
periodista que fue Francisco Garfias Antolín.
Los múltiples
reconocimientos que le han hecho al entrañable recuerdo de Pancho dan cuenta de
la calidad de ser humano que fue.
Gran
amigo, periodista valiente, reportero incansable, pero, sobre todo, un ser
humano solidario y singular en su carácter de profesional de la comunicación,
hizo de Arsenal un punto de referencia obligado.
El título de la
presente columna trato de referirlo a la dificultad que tenemos los
comunicadores para entablar diálogos constructivos y sinceros con todas las
formas de poder que existen en nuestro país.
Vivimos en un
país donde la simulación y las verdades a medias son las respuestas que
encontramos de la mayoría de los actores públicos y privados.
Esa
circunstancia la venció como periodista el gran Pancho gracias a su fino olfato
de comunicador que sabía lo que esperaban de sus trabajos sus miles de
lectores.
“Se dice que
fue William Howard Rusell, periodista del Times de Londres, quien al cubrir la guerra entre
Inglaterra y Rusia que se desarrollara en Crimea en 1854, inauguró este tipo de
periodista: el corresponsal de guerra. Este tiene una riesgosa y difícil tarea
informativa donde la agilidad y el “olfato” periodístico resultan dos
cualidades indispensables. El increíble trabajo periodístico de Ernest
Hemingway demostró que no solo su buen “olfato”, sino también su agudo poder de
observación y su memoria, fueron los que le permitieron, como reportero, dar a
sus informaciones el enfoque preciso, en cualquiera de los campos en los que se
moviera su quehacer periodístico.”
En el México
actual, donde el ejercicio periodístico ya está calificado como de alto riesgo
y la suma de comunicadores que han sido asesinados a causa de ejercer el oficio
es una de las más altas del mundo, el olfato de Pancho Garfias fue uno de los
más reconocidos del medio.
Reporteaba
lo mismo en las cámaras de diputados y de senadores que en las sedes de los
partidos políticos. Y en sus tareas reporteriles, Pancho sabía como desentrañar
lo que políticos o legisladores contestaban con verdades a medias para escribir
en su leído espacio ARSENAL lo que en realidad sus lectores, que fuimos
muchísimos, esperábamos conocer de los temas más importantes de la agenda
nacional.
Pancho
escribía lo que interpretaba como la verdad camuflajeada por los actores de
nuestra vida pública cuando respondían a sus preguntas.
Nuestro
último desayuno en un restaurante cercano al edificio de Fonatur, Pancho me
dijo, premonitoriamente, gracias al olfato político al que ya me he referido en
las presentes notas, algo que está ocurriendo, de manera lamentable para
nuestra democracia:
“Mira José
Luis, acostúmbrate a lidiar con la forma de hacer política de los morenos
porque seguramente van a gobernar hasta después del año 2030, dado que en
nuestro país las oposiciones, tanto el PRI como el PAN, no saben reconstruirse
y seguirán siendo testimoniales.”
Pancho ni
siquiera mencionó como verdaderas oposiciones a partidos como MC o los paleros
de Morena que son el PT y los mercenarios que como corsarios se han adueñado
del Verde.
Y hoy
recuerdo su advertencia con mucho cuidado porque está camino de convertirse en
una verdad política.
Morena en
los comicios del año próximo podrá perder la mayoría calificada en la cámara de
diputados e incluso una que otra gubernatura de las 17 que están en juego, pero
ello de ninguna manera augura que puedan perder la presidencia de la república
en el 2030.
Así que como
decía al gran Pancho Garfias, si el PRI y el PAN no se convierten en el 2030 en
verdaderas oposiciones, Morena va a volver a ganar la presidencia con relativa
facilidad.
Me imagino
como candidatos presidenciales a Alito o a un repetidor como Ricardo Anaya
compitiendo con el candidato presidencial de Morena, sea quien sea.
¡El desastre
democrático de México!
Yo te
llevaré siempre entre las más gratas experiencias de amistad que he tenido en
mi vida Francisco Garfias Antolín.

