Dentro de prácticamente un mes, el martes 3 de noviembre, se llevarán a cabo las elecciones intermedias (midterm elections) en las que se definirá la composición del Poder Legislativo en Estados Unidos de América justo a mitad del segundo mandato presidencial de cuatro años del señor Donald Trump. Mucho ha pasado en estos dos años en los que el actual presidente del país más poderoso del mundo arrasó en las elecciones de aquel 5 noviembre de 2024 venciendo a la candidata demócrata Kamala Harris y logrando además el control del Senado (49 republicanos, 47 demócratas y 4 independientes) y de la Cámara de Representantes (220 republicanos frente a 215 demócratas); a partir de ese resultado -incluso mes y medio antes de que asumiera formalmente el cargo el 20 de enero de 2025- DT desplegó todo su poder y empezó a operar su estrategia de reposicionamiento global bajo el estandarte de “America First” (Primero Estados Unidos) para intentar revalidar la hegemonía de su cosmovisión sobre el rumbo y destino de la humanidad en todos sus sentidos. Estados Unidos enfrenta una serie de resistencias de otros poderes de otras naciones y bloques regionales que son los que hemos estado observando en los últimos meses; particularmente, la llamada “Guerra Comercial” contra China es la que está más a la vista por el avance que la nación asiática ha tenido en las últimas décadas y porque, ciertamente, ahora mucho depende de lo que suceda entre estos dos gigantes para saber realmente hacia dónde se dirigirá y en que condiciones el desarrollo de los 8.300 millones de personas, toda la población mundial, que habitamos el Planeta Tierra.
El enfoque primordial de atención a las relaciones internacionales es lo de hoy por los temas comerciales y militares; sin embargo, es de alta relevancia poner atención a lo que sucede al interior de la política estadounidense porque eso impactará a todo el mundo dado que el resultado de las elecciones legislativas próximas de ese país pueden cambiar en mucho el contexto y las dinámicas de todo lo que, hasta la fecha, se ha venido negociando, operando e implementando por parte del gobierno del señor Donald Trump. Para tener claro lo que estará en juego en Estados Unidos el próximo 3 de noviembre sepamos que se renuevan los 435 escaños en la Cámara de Representantes (cuyos legisladores ejercen periodos de dos años), se disputan 33 de los 100 escaños de la Cámara de Senadores (estos ejercerán el cargo por seis años) y, adicionalmente, se elegirán Gobernadores, Legisladores Estatales y cargos municipales en 36 estados y tres territorios.Ósea que se trata de una elección muy importante que puede redefinir muchas cosas desde las entrañas mismas en la conformación del poder al interior y que eso puede empezar a observarse en el muy corto plazo.
Si ganan los Republicanos, es decir, si gana Donald Trump, dibujando un escenario en el que el presidente retiene ambas cámaras pues las cosas seguirán igual que hasta ahora: La aprobación del presupuesto federal será fluida, la agenda fiscal de la administración y la capacidad de tramitar leyes prioritarias seguirá su curso sin depender de la oposición. Si ganan los demócratas entonces habrá un escenario de gobierno dividido en donde la oposición a DT puede tomar una o ambas cámaras. Aquí hay que observar que históricamente, el partido en el poder suele perder escaños en las elecciones de medio término y que, si los demócratas ganan la mayoría en la Cámara de Representantes, en el Senado o en ambas, la estructura de poder en Washington se va a alterar sustancialmente. Ganando el control de la Cámara de Representantes, la oposición asume la presidencia de los comités parlamentarios, lo que le otorga la facultad de citar a funcionarios, emitir órdenes de comparecencia (subpoenas) e iniciar investigaciones al Ejecutivo. Asimismo, alcanzando el control del Senado, eso le otorgaría a la oposición el poder de bloquear la ratificación de jueces federales, nombramientos del Tribunal Supremo y miembros del gabinete propuestos por el presidente y algo importantísimo, los demócratas podrían frenar la agenda legislativa del Ejecutivo, obligando a negociar partidas presupuestarias o recurrir al uso de órdenes ejecutivas para gobernar. Existe otra posibilidad y está es que el resultado sea de empate o de mayorías estrechas con lo cual también, muy probablemente, veamos bloqueos parlamentarios y el ejercicio del poder de veto presidencial. Es decir que podemos también llegar a un punto de parálisis legislativa en donde los equilibrios dependan de márgenes muy menores y, de ser el caso, las votaciones dependerán de los legisladores independientes que son los que -en las votaciones clave- tendrán la capacidad de inclinar la balanza en proyectos de ley de alto impacto económico o social.
La moneda está en el aire y lo que suceda en las elecciones intermedias de Estados Unidos el próximo 3 de noviembre nos impactará a todos porque puede cambiar la agenda política y las dinámicas de la relación de la primera potencia mundial con las demás naciones. Lo que dicen las encuestas es claro: Una encuesta nacional de Emerson College Polling, realizada entre el 21 y el 22 de septiembre sobre 1000 votantes probables, registró 53% de apoyo a los demócratas y 42% a los republicanos en la pregunta sobre la elección para el Congreso. La misma medición registró 39% de aprobación y 58% de desaprobación para el presidente Donald Trump. En la consulta sobre los principales temas para decidir el voto, la guerra con Irán, el empleo y los aranceles aparecieron entre las cuestiones con mayor importancia para los encuestados. Por su parte, la cadena televisiva CNNpublicó una medición en la que registró 39% de aprobación y 58% de desaprobación para el presidente Donald Trump. A menos de un mes de que millones de estadounidenses salgan a votar las encuestas reflejan una tremenda igualdad, con un buen puñado de escaños todavía en disputa en ambas cámaras. Según el agregador de encuestas RealClearPolitics, los demócratas lideran con claridad la intención de voto para el Congreso, con el 50,6%, más de ocho puntos por encima de los republicanos, que se sitúan en el 42,3%.
Muchas cosas pueden cambiar a partir del resultado electoral en Estados Unidos. Mientras tanto, México, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el Secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon, siguen negociando los temas centrales de comercio dentro de la relación bilateral con Estados Unidos de Américainmersos en el T-MEC observando que tanto el reacomodo interno estadounidense, las presiones de su política interna y el desenlace electoral pueden operar a nuestro favor dado que son los intereses regionales de allá con los que tratamos directamente y son los que pueden meter un poco de racionalidad, inteligencia y sensatez en los actores gubernamentales para que los contenidos de los acuerdos en verdad sean para avanzar hacia la consolidación de una región de Norteamérica más competitiva en condiciones asociación mutuamente productiva y no de imposición unilateral. Ya veremos que sucede el 3 de noviembre y qué deciden los votantes gringos, pero la circunstancia puede favorecer a México y como dice el dicho: “Los Astros se están Alineando”.

