La Cuarta Ronda de Negociaciones con los representantes del gobierno de Donald Trump (DT) se presenta en un contexto en el se está gestando un nuevo orden económico internacional en cuya esencia se encuentra el rediseño de las reglas de la interdependencia entre las naciones del mundo. Representando a los mexicanos encabezará el equipo nuestro negociador Marcelo Ebrard Casaubon, Secretario de Economía, y por la parte de los norteamericanos lo hará el señor Jamieson Greer, Representante Comercial de los Estados Unidos, y es casi un hecho que antes de que termine este mes de septiembre se verificará este encuentro bilateral trascendental sobre el cual es preciso anotar que aún se encuentra en el marco del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Los resultados que el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo obtenga en este proceso impactarán el desarrollo nacional y la vida de prácticamente toda la Nación por varias décadas o, tal vez, durante todo el Siglo XXI; así de relevante es la misión que tiene el actual gobierno.
Es por ello por lo que no es un dato menor considerar que la intencionalidad y la estrategia de DT es la de garantizar la supremacía mundial de Estados Unidos y que su postura ante la interdependencia comercial es de escepticismo y rechazo hacia la globalización multilateral. Tener claro que DT impulsa una política exterior proteccionista basada en su doctrina “America First” (Estados Unidos Primero) y que rechaza los beneficios mutuos de la interdependencia ya que la interpreta como una vulnerabilidad estratégica que expone a Estados Unidos a déficits comerciales y a la pérdida de capacidades industriales es obligado para que a partir de conocer su visión de las cosas podamos concretar los mejores acuerdos. DT utiliza los aranceles como herramienta de presión y usa su poder coercitivo para modificar las condiciones de la interdependencia obligando a otros países (incluso a sus “aliados”) a abrir sus mercados, aceptar cuotas de compra o modificar reglas de origen; para DT el déficit comercial de su país se ha convertido en una obsesión y evalúa el éxito de las relaciones comerciales casi exclusivamente mediante la balanza comercial y es por lo que declara constantemente que los países que registran un superávit comercial con Estados Unidos están “aprovechándose” del mercado estadounidense y sostiene de manera recurrente y transparente que él considera que reducir los déficits a través de barreras comerciales es indispensable para proteger el empleo y reindustrializar la economía estadounidense.
En esa lógica, es determinante entender que DT y Estados Unidos prefieren las negociaciones bilaterales uno a uno ya que en el eje de su estrategia está el hacer valer el tamaño de su economía porque eso les otorga ventajas de negociación para exigirles más concesiones a sus contrapartes (sean aliados o no). Como ya hemos podido corroborar, la postura estadounidense se mueve entre el discurso de la autosuficiencia y la aceptación pragmática de la integración norteamericana. En cuanto a la relación con México, DT ha expresado críticas diversas y hasta provocativas y retadoras en lo político argumentando que la dependencia mutua beneficia más al lado mexicano. Asimismo, en su ambivalencia estratégica, DT ha mantenido un canal de negociación fluido manteniendo la presencia de sus personeros en las mesas y pláticas (privadas y públicas) así como con las llamadas telefónicas con la presidenta Claudia Sheinbaum en las que Donald Trump ha matizado sus declaraciones asegurando que descarta una ruptura comercial y que busca un “gran acuerdo”. Ya no es un secreto que DT está buscando rediseñar la interdependencia global a favor de Estados Unidos, forzando la relocalización de cadenas de suministro (particularmente en sectores estratégicos como el automotriz, el tecnológico y el de minerales críticos) mediante presiones arancelarias. Al respecto, resulta revelador que la Casa Blanca emitiera un comunicado en el que se señala que: “Los aranceles son una fuente poderosa y probada de influencia para proteger el interés nacional. El presidente Trump está utilizando las herramientas a su alcance y tomando medidas decisivas que priorizan la seguridad de los estadounidenses y nuestra seguridad nacional”.
Las disparidades y el amalgamiento que tenemos con el país vecino del norte son muy claras y como bien lo señalan Alan Bersin y Diego Marroquín Bitar cuando advierten que “de ser adversarios en el siglo XIX a vecinos distantes durante gran parte del siglo XX, la relación entre Estados Unidos y México ha evolucionado en las últimas 3 décadas hasta convertirse en una sociedad estratégica. A lo largo de su historia, esta relación ha estado marcada por una profunda interdependencia, pero también por fuertes asimetrías. Hoy, 2 siglos después, estos mismos factores pueden impulsar un cambio estructural” (Asimetrías e interdependencia. Nuevas propuestas para la relación Estados Unidos-México. Marzo 2025). En ese sentido, nuestro Secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon, y la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, tienen un diagnóstico preciso al respecto de la estrategia de Donald Trump y sus representantes. Nuestro negociador Marcelo Ebrard declaró recientemente que “el modelo de libre comercio mundial sin aranceles ya no funciona y México no puede buscar regresar a él” y que “no hay que vivir en la nostalgia de un mundo sin impuestos a la importación”; de la misma manera y con gran realismo ha expresado que México no tiene el peso económico para imponerle a Washington el regreso del libre comercio absoluto.
Rumbo a la Cuarta Ronda de Negociaciones con Estados Unidos y frente al rediseño de las reglas de interdependencia comercial a nivel global es conveniente recordar junto con el político británico y excanciller de Reino Unido, Robin Cook, que: “Vivimos en un mundo moderno en el que los Estados nación son interdependientes. En ese mundo moderno, la política exterior no está separada de la política interna, sino que constituye una parte central de cualquier programa político”

