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Abelardo de la Espriella asume la Presidencia de Colombia y presenta la hoja de ruta de su gobierno

por Redaccion CE
08-08-2026

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Abelardo de la Espriella llega a la presidencia de Colombia este viernes sin experiencia política, pero con posiciones férreas.

En seguridad ha dado un ultimátum a grupos armados: sometimiento a la justicia o fuerza militar.

En política internacional tiene claros aliados y rivales: ha declarado su afinidad por Donald Trump y anunciado el cierre de embajadas en Cuba o Nicaragua, a cuyos gobiernos califica de "tiranías".

Son planteamientos altisonantes dentro de un discurso conservador que preocupa a colectivos feministas y LGBTIQ+.

Sus controversias son usadas por la oposición para etiquetar su movimiento, Defensores de la Patria, de "extrema derecha".

La academia debate sobre si enmarcarlo en una "derecha populista" o una "nueva derecha" distinta a las que gobernaron Colombia durante 200 años antes de la llegada en 2002 de Gustavo Petro, el presidente saliente y primero de izquierdas.

De la Espriella autoproclama su ideario como de "extrema coherencia".

Estas son algunas de sus polémicas ideas, que serán difíciles de implementar por los contrapesos que enfrentará en su gobierno hasta 2030.

Mano dura inspirada en Trump y Bukele

Las fórmulas de De la Espriella en seguridad suenan a métodos ya vistos.

Ha amenazado con bombardear cargamentos de droga y campamentos "narcoterroristas", fumigar hectáreas de coca y construir megacárceles.

Las bombas recuerdan a la cuestionada cruzada armada de Trump contra presuntas embarcaciones narco en aguas sudamericanas y del Caribe que acumulan más de 200 muertos desde agosto de 2025.

Las fumigaciones a una vieja práctica en Colombia ejecutada por otros gobiernos de mano dura como el de Álvaro Uribe (2002-2010).

Las prisiones, al modelo de Nayib Bukele en El Salvador, al que se le atribuye tanto un descenso del crimen como una erosión de derechos humanos, según organizaciones como Amnistía Internacional.

"La mirada de De la Espriella se enmarca en el trumpismo, en la seguridad tradicional basada única y exclusivamente en la fuerza", describe Héctor Galeano, investigador asociado del Instituto de Altos Estudios Sociales y Culturales de América Latina y el Caribe.

Políticas de mano tendida y dura han sido alternadas por distintos gobiernos en Colombia sin que ninguna haya puesto fin al conflicto armado de más de 60 años entre el Estado, guerrillas y grupos paramilitares y criminales.

Las primeras son cuestionadas por parte de la opinión pública por ser, supuestamente, complacientes con el crimen. Las segundas preocupan porque, en el pasado, han ido de la mano con empoderamientos paramilitares y abusos de autoridades.

"Hay un planteamiento de De la Espriella muy controvertido: plantear frentes de seguridad ciudadanos en cinco urbes del país, entre ellas Bogotá y Barranquilla", apunta Galeano.

Al experto le recuerdan a las Convivir, unas cooperativas de vigilancia y seguridad privada creadas por el Estado en los 90 para apoyar a la Fuerza Pública y a la cual se le atribuye un fortalecimiento de estructuras paramilitares, según la Comisión de la Verdad.

El paramilitarismo colombiano acabó envuelto en casos de desapariciones, masacres y abusos contra civiles y algunos miembros desmovilizados abrazaron el narcotráfico.

De la Espriella rechaza cualquier negociación con grupos armados. Critica con dureza a la Jurisdicción Especial para la Paz, un órgano de justicia transicional creado en los acuerdos de paz entre el Estado y las Farc.

El nuevo presidente no ha ofrecido certezas en su proyecto de seguridad. Su hoja de propuestas incluye lo que quiere hacer, pero no el cómo.

"No hay claridad, ni documentos que algún colega o yo conozcamos que permitan ver cómo se desarrollaría", dice Galeano.

"Muchas de sus propuestas son más eslóganes que políticas concretas", agrega Yann Basset, politólogo de la Universidad del Rosario.

De la Espriella también anunció que el país se uniría al Escudo de las Américas, la iniciativa de seguridad y cooperación regional impulsada por Trump donde participan gobiernos afines al de EE.UU. como Perú, Ecuador y El Salvador.

Revolución en relaciones internacionales

La política internacional de De la Espriella no está mencionada en su documento de propuestas, pero sí ha sido de sobra deslizada por el nuevo presidente.

Para esta tarea designó como canciller a Omar Bula Escobar, exfuncionario de las Naciones Unidas y autodeclarado, en su perfil de X, como cristiano y prooccidental.

En sus publicaciones se ha referido a la pandemia de covid, el cambio climático y la ideología de género como "temas importados, promovidos por una agenda global que esquiva los verdaderos problemas nacionales…".

Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Pares, ve en este nombramiento y algunas de las posturas de De la Espriella un rechazo al multilateralismo, "una tradición de la que Colombia ha estado muy de la mano y de la cual se ha beneficiado en las últimas décadas".

En una entrevista con el medio Semana antes de las elecciones, el nuevo presidente no descartó retirar la representación de Colombia en las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Defendió su postura diciendo que "no habían traído beneficios a Colombia, sino gastos" y que la ONU y la OEA "son directorios políticos de la izquierda que no han servido para nada", opinó.

Humberto de la Calle, un reconocido abogado y político colombiano, criticó esta maniobra diciendo que la justificación de que es un gobierno dictatorial "no resiste el menor análisis (...) porque con ese criterio Colombia debería romper relaciones con una infinidad de países".

Lo que parece claro es que se reforzará la estratégica alianza con EE.UU. Trump le dio todo su apoyo en campaña tras haber tenido enfrentamientos con Petro, el presidente saliente.

Hay interrogantes sobre cómo esto impactará las relaciones entre China y Colombia, un consorcio que se robusteció bajo el gobierno de Petro.


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