La nueva guerra no se pelea con balas: se pelea con código
Hay una escena que se repite en las películas de Hollywood: el héroe corre contra el reloj para evitar que un villano detone una bomba. La tensión es máxima, la música acelera, y en el último segundo, el héroe corta el cable rojo y salva el día.
Ahora imaginen que el villano no está en un edificio abandonado. Está en algún lugar del mundo, sentado frente a una computadora. Y en lugar de una bomba, tiene un teclado. Su objetivo no es un edificio. Es la red eléctrica de una ciudad. El sistema de agua de una región. Los expedientes médicos de un hospital.
Esto no es ciencia ficción. Es lo que está pasando hoy, y México no está preparado.
Durante años, en Latinoamérica tratamos la ciberseguridad como un problema técnico. Algo que resolvían "los de sistemas" con un firewall y un antivirus. Esa época terminó. Hoy, un ataque cibernético contra la infraestructura crítica de un país no es un delito común. Es un acto de guerra. Y la línea entre el crimen organizado, el espionaje corporativo y la geopolítica se ha difuminado por completo.
Mientras Estados Unidos y Europa endurecen sus defensas con marcos como NIS2 y Zero Trust, en México seguimos discutiendo si la ciberseguridad es un gasto o una inversión. Mientras tanto, los ataques aumentan: ransomware contra hospitales que deja a pacientes sin atención, brechas en sistemas financieros que exponen los ahorros de miles de familias, espionaje a infraestructura energética que podría paralizar regiones enteras.
La pregunta no es si México va a ser atacado. La pregunta es cuándo. Y si estamos listos.
La respuesta, con toda honestidad, es que no. La infraestructura crítica del país está envejecida, la regulación es fragmentada, y la mayoría de las empresas que operan servicios esenciales no tienen ni el presupuesto ni la cultura de seguridad necesarios para enfrentar amenazas de este nivel.
Pero hay algo que sí podemos hacer: dejar de ver la ciberseguridad como un tema exclusivo de los técnicos. Es un tema de seguridad nacional. Es un tema de política pública. Es un tema que le debería importar a cada ciudadano, porque cuando la red eléctrica falla, cuando el hospital no puede acceder a los expedientes, cuando el sistema de agua se detiene, no importa cuántos firewalls tenga el gobierno. Importa que alguien, en algún lugar, no tomó la decisión correcta a tiempo.
La próxima guerra no se va a pelear con tanques ni aviones. Se va a pelear con código. Y el campo de batalla va a ser nuestra propia infraestructura. La pregunta es si vamos a estar del lado de los que se preparan o del lado de los que descubren el problema cuando ya es tarde.
Roberto Aurioles

