Marco A. Rodríguez Blasquez
El
Consejo Estatal Político Ordinario del Partido del Trabajo (PT), celebrado ayer
en Michoacán, dejó mucho más que acuerdos de organización y afiliación. Su importancia radica en las lecturas
políticas que se desprenden de una reunión que pone sobre la mesa un asunto
fundamental para el futuro de la Cuarta Transformación: el respeto entre aliados y la democracia en
la toma de decisiones.
En
el encuentro se acordó continuar fortaleciendo el trabajo de afiliación en
territorio y se ratificó al Senador Raúl Morón como Coordinador Estatal de Afiliación. Sin embargo, el momento de mayor
trascendencia política llegó con la intervención del Diputado Federal Reginaldo
Sandoval, quien, mediante una exposición detallada de cifras y datos, cuestionó
los resultados del proceso de selección de quien encabezará la Coordinación
Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.
De
acuerdo con los resultados de la encuesta realizada por el PT, la voluntad de
los michoacanos no coincide con la decisión de nombrar a Carlos Torres como
Coordinador Estatal. La exposición de
Reginaldo Sandoval puso en entredicho la credibilidad del procedimiento
morenista y llevó a calificarlo como una simulación, antes que como un
ejercicio democrático en el que la ciudadanía pudiera expresar libremente su
preferencia.
No
se trata de una diferencia menor. El
Consejo acordó realizar hacia finales de este mes, una nueva encuesta, con una
metodología previamente expuesta y transparente, cuyo resultado permita
identificar a quien verdaderamente cuente con el respaldo ciudadano para
representar a la 4T en Michoacán.
De
esta reunión se desprenden, al menos, cuatro lecturas políticas.
La
primera: Morena no puede confundir su
condición de partido mayoritario con el derecho a imponer decisiones,
designando coordinadores estatales mediante procedimientos cuestionados, sin
transparencia y sin tomar en cuenta la opinión de sus aliados, reflejando una
práctica de agandalle que contradice los principios democráticos que dieron
origen al movimiento.
La
segunda: La intervención de Reginaldo
Sandoval elevó el debate al terreno de los datos y los argumentos. En su calidad de Diputado Federal y
Coordinador Nacional de la bancada del PT en la Cámara de Diputados, presentó
elementos que cuestionan la legitimidad del resultado atribuido a la encuesta
de Morena. A ello se suma un
antecedente que no puede ignorarse:
Carlos Torres, antes de incorporarse a la administración del Gobernador
Ramírez Bedolla, fue un crítico particularmente severo de la Cuarta Transformación y hoy pretende encabezar precisamente el
proyecto político al que antes cuestionaba.
También
resulta inevitable poner sobre la mesa el desempeño del Gobierno Michoacano,
cuya gestión ha sido objeto de fuertes cuestionamientos, particularmente frente
a la inseguridad y la presencia del
crimen organizado. Son antecedentes que
hacen todavía más necesario un proceso de selección transparente y convincente.
La
tercera: La responsabilidad política
también alcanza a la Presidenta Claudia Sheimbaum cuya imagen sale dañada al no
contar con el respaldo de los gobernadores, quienes tienen la responsabilidad
de controlar a la militancia de su partido.
La unidad de la coalición no puede depender de la disciplina unilateral
de sus integrantes ni de que los aliados acepten decisiones tomadas desde
Morena. La Presidenta tiene la
oportunidad de ejercer su liderazgo, garantizar reglas equitativas y evitar que
las prácticas internas de su partido terminen debilitando una alianza que ha
sido fundamental para construir la mayoría política que sostiene a la transformación.
No
basta con hablar de unidad; hay que construirla con respeto. Si los aliados no encuentran condiciones de
igualdad y reconocimiento, la coalición corre el riesgo de desgastarse desde
dentro.
La
cuarta: El PT reivindica su identidad y
su razón de ser. Su posición en
Michoacán confirma que no pretende ser un partido subordinado ni un acompañante
sin voz. Se reconoce como una fuerza de
izquierda con historia, principios y una lealtad política que, precisamente por
ser ideológica, no significa renunciar a su autonomía ni a su capacidad
crítica.
El
PT ha acompañado a la transformación y ha respaldado a la presidenta Sheimbaum,
pero ese respaldo no debe interpretarse como un cheque en blanco para aceptar
imposiciones o procedimientos que contradigan los principios democráticos.
Lo
ocurrido en Michoacán debe entenderse como una advertencia para la
coalición. Las diferencias entre aliados
no tienen que convertirse en rupturas, pero tampoco pueden resolverse mediante
la imposición del más grande sobre el más pequeño.
La
verdadera fortaleza de la 4T no está en la capacidad de un partido para imponer
sus decisiones sino en la voluntad de sus integrantes para construir acuerdos,
respetar sus diferencias y reconocer la voz de los ciudadanos. La reciente encuesta de México Elige da una
luz al respecto al señalar que únicamente en cinco entidades de las diecisiete
en donde se eligieron mediante encuesta,
Coordinadores Estatales de la Defensa de la Transformación y la
Soberanía Nacional, no hubo inconformidades.
La
unidad y la transformación no se decreta ni se impone: Se construye con
democracia, respeto y congruencia.

