José
Luis Camacho Acevedo
Para estar en
sintonía con la narrativa que el presidente Donald Trump le endilgó a México
diciendo que somos el epicentro de la violencia mundial de los carteles, hoy
nos referimos a un caso que es, por lo menos, sintomático de un “injerencismo
financiero” de agencias gringas como la DEA en nuestra nación.
Para nadie es sorpresa que la intervención de instituciones estadounidenses en el sistema financiero mexicano es creciente y casi siempre fuera de los marcos legales.
Hace
un año tuvimos la evidencia más clara, cuando el FinCen, del Departamento del
Tesoro norteamericano emitió órdenes en contra de tres bancos en México por
participar en operaciones con recursos de procedencia ilícita.
A
partir de este incidente se habló de rondas de encuentros bilaterales, de establecer
una mayor coordinación entre las instituciones competentes e incluso de crear
formas pertinentes de intercambio de inteligencia e información para mostrar un
frente unido entre ambos países en el combate a las actividades financieras que
estuvieran al margen de la ley.
La
percepción general en los círculos financieros nacionales es en muy marcada en
el sentido de que la directriz de esa cooperación bilateral se fija al norte
del río Bravo y aquí se ejecutan las acciones con resignación.
Ni
las reuniones de coordinación ni el intercambio de información estratégica
entre ambas naciones se han podido celebrar desde su anuncio a la fecha.
Esa
condición de dominio e intervencionismo financiero por parte de Estados Unidos
en México se ha convertido en un grave riesgo para el funcionamiento de las
instituciones que componen nuestro sistema financiero.
Un
caso por demás manifiesto de los perjuicios que trae esa intromisión al sistema
financiero nacional, son las secuelas que han dejado la liquidación de
Intercam, CI Banco y Vector.
Debido
al escándalo mediático que causó esa medida unilateral, la de sancionar a CI
Banco, Intercam y Vector, pasó desapercibida otra intervención no menos
trascendente en el ecosistema de las Fintech.
En
dicho entorno del mundo FinTech, donde la regulación es mucho más laxa que la
que se aplica a los bancos convertidos en verdaderas instituciones de ahorro y
crédito; ha permitido que se cometan abusos y acciones ventajosas de
distintos jugadores (de los que pululan en el mundo FinTech) que apuestan por
el crecimiento o expansión de sus servicios sin mediar prudencia financiera
para sus clientes e igualmente asumir una actitud aprovechada con respecto de
la banca.
En ese
descuido de supervisión institucional está el caso de Wallet Digital de KLU, operada
por Klu Tech S.A.P.I.de CV, mismo que fue cerrado sin que ninguna autoridad
diera detalles de la acción.
Hoy
se sabe que el cierre de la mencionada FinTech se debió a una alerta emitida
presuntamente por la DEA, quien identificó operaciones de esa institución
operando al amparo de la laxitud regulatoria, misma que permitió las
mencionadas sistematizaciones financieras vinculadas a recursos de
procedencia ilícita por hasta 800 mil dólares, solo en la segunda mitad del
2025.
Si
efectivamente en el citado caso la intervención fue de la DEA, no es difícil
imaginar que la procedencia ilícita de estos recursos estaría vinculada al
tráfico de drogas, que es el principal objetivo de las actividades de la
agencia norteamericana.
Según
se pudo confirmar hace unos días, la misma DEA habría concluido una visita ¿de
inspección? ¿de auditoría? (acaso teniendo información de que en esa ubicación
estaría un laboratorio de drogas sintéticas) en las oficinas de KLU en la
ciudad de México, para asegurarse la propia DEA que se hubieran terminado todas
las actividades que señaló como causales cuando cerraron su Wallet.
Será
cuestión de tiempo para conocer si se encontró algo verdaderamente irregular o
si por ahora la FinTech mexicana logra pasar el filtro de los norteamericanos.
Y
desde luego, sabremos también si los reguladores mexicanos tienen algo que
decir, antes de que sus contrapartes en los Estados Unidos tomen alguna
decisión que “termine” con la fantasiosa historia de coordinación y
colaboración que nos han contado en las últimas semanas.
Es
urgente que los reguladores mexicanos asuman con toda energía sus obligaciones
de control, tanto en el plano nacional como en el de la relación con el vecino
del norte.

