Marco A. Rodríguez Blasquez
La detención
de militantes del Partido del Trabajo en Ecatepec, municipio mexiquense,
quienes realizaban labores de afiliación y mantienen una cercanía con el exalcalde
y ahora diputado Fernando Vichis, personaje que a lo largo de 6 años de
gobernar ese municipio, amasó una impresionante fortuna a través de la venta de
agua en pipas de su propiedad, abrió un nuevo episodio de tensión entre dos
fuerzas que forman parte del mismo proyecto político: Morena
y el PT.
El hecho
motivó un pronunciamiento del Comisionado Político Nacional del Partido del
Trabajo en el Estado de México, Diputado Reginaldo Sandoval, quien solicitó que
se investiguen los acontecimientos y se esclarezca lo sucedido.
En Ecatepec,
las diferencias entre el diputado Fernando Vilchis y la Presidenta Municipal de
Morena, Azucena Cisneros no son un asunto menor, ya que detrás de dichas
diferencias se encuentran grupos políticos con aspiraciones propias, que comienzan a mover sus piezas
ante el proceso electoral de 2027.
Por detrás
de este enfrentamiento podría existir una disputa de mayor alcance, con una hipótesis que conviene poner sobre la
mesa y todo apunta hacia Oscar González
Yáñez, quien durante mas de 20 años ejerció una influencia determinante en el
PT mexiquense y que buscaría conservar espacios de control político con miras a
la definición de candidaturas el próximo año. No hay que olvidar que durante
anteriores procesos electorales, surgieron voces que señalaban a Oscar González de negociar e incluso vender
candidaturas.
A esta
dinámica se suman otros grupos y liderazgos como el de Fernando Vilchis, enviando un mensaje preocupante, en el que
algunos actores parecen haber olvidado que la alianza no se construyó para
satisfacer ambiciones personales, sino para impulsar un proyecto de
transformación, que encabeza la Presidenta Sheimbaum y que demanda unidad, responsabilidad y
congruencia.
Ante la
falta de un pronunciamiento del ayuntamiento de Ecatepec y de la Fiscalía
General de Justicia del Estado de México, el pasado jueves 29 de Octubre, los
Diputados del PT Isaac Hernández, Anahí Esparza y Ernesto Santillán ofrecieron
una rueda de prensa en donde nuevamente exigieron justicia y no intervención en
el proceso electoral.
Sin embargo,
más allá de los hechos ocurridos, el episodio pone sobre la mesa un problema
político de mayor alcance, representado por la disputa de candidaturas y
posiciones de poder, amenazando con convertirse en una constante, cuando
todavía falta tiempo para que el calendario electoral marque formalmente el
inicio de las definiciones.
Es
precisamente en este escenario donde adquiere relevancia la figura del Diputado
Reginaldo Sandoval quien, con experiencia política y capacidad de negociación,
enfrenta el reto de conducir a su partido en el estado de México por una ruta
que evite la confrontación interna y preserve la cohesión de su
militancia. Su intervención como
Comisionado Nacional no solamente representa una respuesta a los
acontecimientos de Ecatepec; también constituye un llamado de atención ante los
riesgos de que el PT reproduzca prácticas que en el pasado debilitaron y
anularon a otras fuerzas políticas.
La
experiencia del PRD es una referencia obligada.
Las llamadas tribus, con sus disputas permanentes por el control del
partido y las candidaturas, terminaron por erosionar su cohesión y su capacidad
política. El PT no puede permitirse repetir esta historia.
En los
últimos meses, una parte importante de la militancia ya identifica a Reginaldo
Sandoval como la figura central para la conducción política del partido en la
Entidad y para la definición de las aspiraciones rumbo al 2027.
Pero la
verdadera responsabilidad de un dirigente no consiste únicamente en decidir
candidaturas o distribuir posiciones, sino en garantizar que las diferencias se
procesen mediante el diálogo y la negociación sin poner en riesgo el proyecto
colectivo, porque una cosa es tener aspiraciones legítimas y otra muy distinta
es utilizar las diferencias entre aliados para obtener ventajas personales.
El desafío
para el PT mexiquense es claro:
preservar su unidad, fortalecer su organización territorial
incrementando su afiliación y evitar que los grupos en disputa terminen
actuando como las llamadas tribus.

