Las dos mayores compañías petroleras de Latinoamérica están apostando fuerte por un proyecto de alto riesgo para extraer una vasta reserva de crudo de rocas que no han visto la luz del sol en 160 millones de años.
Petróleo Brasileiro y Petróleos Mexicanos se han unido para explorar una capa de la corteza terrestre bajo el Golfo de México que es más antigua, más profunda y potencialmente más rica en petróleo que los megacampos existentes en el mundo.
Los riesgos físicos, financieros y ambientales son enormes, dados los desafíos inherentes a la perforación de crudo a kilómetros bajo el lecho marino a través de plataformas rocosas inestables y de alta presión.
El objetivo es un conjunto geológico frente a la costa del estado mexicano de Campeche, que Pemex exploró sin éxito en 2018. Este conjunto contrasta notablemente con los pozos petrolíferos del lado estadounidense del Golfo, que extraen petróleo atrapado en rocas formadas hace aproximadamente 20 millones de años.
En cambio, Petrobras y Pemex buscan adentrarse en formaciones rocosas ocho veces más antiguas, de una era en la que los dinosaurios y los moluscos prehistóricos dominaban la tierra y los mares.

