logo
header-add

México y Estados Unidos: la negociación comercial entra en zona de turbulencia

por Armando Guzmán
19-10-2026

Comparte en

Por Armando Guzman

Cuando todos esperábamos que las negociaciones sobre libre comercio siguieran con Estados Unidos, sin mayores sobresaltos, un repentino punto de fricción en las negociaciones comerciales entre los dos socios… nos despertaron de nuestro sueño. Estados Unidos y México, se volvieron a cruzar en un desencuentro que ha alterado la narrativa de progreso diplomático que estaba predominando hasta hace apenas unos días.

A pesar del pragmatismo mostrado por la presidenta Claudia Sheinbaum para mantener abiertas las líneas de comunicación con Washington, el debate continúa dominado por tensiones estructurales mucho más profundas: los déficits comerciales, la soberanía nacional, la seguridad de las cadenas de suministro y las presiones políticas internas que acompañan al gobierno de Donald Trump.

1. La guerra interna en Washington: Lutnick contra Greer

El principal detonante de la cobertura editorial de esta semana es una fractura que, según diversas filtraciones, quedó expuesta dentro de la propia administración Trump.

Diversos análisis apuntan a que el secretario de Comercio, Howard Lutnick, frenó un importante y prácticamente inminente acuerdo bilateral con México al oponerse frontalmente a la reducción de aranceles.

El ala proteccionista

De acuerdo con reportes y análisis publicados, Lutnick se ha resistido a flexibilizar los aranceles del 25 % a los automóviles y del 50 % al acero y al aluminio.

Su argumento es sencillo: la presión que recibe de fabricantes estadounidenses que temen perder empleos y producción frente a la competencia proveniente de México.

Sin embargo, detrás de esa postura existe una realidad política mucho más compleja. Para numerosos observadores, Lutnick se ha convertido en uno de los principales guardianes de la narrativa económica de Trump: la idea de que Estados Unidos ha sido perjudicado durante décadas por los acuerdos comerciales y debe recuperar empleos industriales a cualquier costo.

El choque con Greer

La información que hemos recabado en Washington apunta a una creciente tensión entre Lutnick y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer.

Mientras Greer promovía una estrategia más pragmática orientada a obtener concesiones mexicanas antes de la revisión formal del T-MEC, Lutnick optó por endurecer posiciones y mantener la presión arancelaria.

En términos políticos, el pleito va mucho más allá de los aranceles. Se trata de dos visiones distintas sobre cómo administrar la relación económica más importante de América del Norte.

El costo de la incertidumbre

Para las empresas que operan a ambos lados de la frontera, el espectáculo no resulta particularmente tranquilizador.

Analistas económicos advierten que esta gestión errática envía señales contradictorias a los mercados y prolonga la incertidumbre para inversionistas y fabricantes que dependen de la integración regional.

Más preocupante aún, algunos observadores comienzan a advertir que este tipo de decisiones podrían reducir la disposición de México para cooperar en áreas ajenas al comercio, como la migración, la seguridad fronteriza y el combate contra los cárteles.

En pocas palabras: si el gobierno mexicano concluye que sus esfuerzos por atender las exigencias de Washington no generan beneficios concretos, la motivación para seguir haciendo concesiones podría disminuir significativamente.

2. La estrategia de Sheinbaum para reducir tensiones

Frente a la creciente presión proveniente de Washington, diversos sectores empresariales estadounidenses que se han beneficiado del libre comercio con México siguen con atención la estrategia de la presidenta Claudia Sheinbaum para contener al ala más proteccionista del gabinete de Trump.

Comprar más en Estados Unidos

Hay publicaciones especializadas como Quartz, que destacan el compromiso mexicano de incrementar la adquisición de bienes estadounidenses y, simultáneamente, reducir la dependencia de importaciones procedentes de terceros países, especialmente de China.

La apuesta busca disminuir el déficit comercial bilateral y, al mismo tiempo, responder a una de las mayores preocupaciones estratégicas de Washington: la creciente influencia de China en las cadenas globales de suministro.

Sin embargo, en círculos políticos mexicanos comienza a surgir una pregunta incómoda:

¿Hasta qué punto México continuará haciendo ajustes si no recibe un trato acorde con su condición de principal socio comercial de Estados Unidos?

La inquietud gana terreno conforme avanzan las negociaciones.

El giro del "Plan México"

En Washington, este debate se vincula directamente con una transformación económica más amplia orientada a fortalecer las cadenas de suministro norteamericanas.

La idea consiste en reducir la dependencia de componentes de bajo costo provenientes de Asia y consolidar una plataforma industrial regional integrada entre Estados Unidos, México y Canadá.

Pero también existe un componente político imposible de ignorar.

La presión para regresar empleos manufactureros a territorio estadounidense proviene directamente de una de las promesas insignia de Donald Trump.

Y aquí surge la controversia.

Incluso en el escenario más optimista, resulta extremadamente difícil que millones de empleos manufactureros regresen a Estados Unidos antes de que Trump deje la Casa Blanca. Las cadenas productivas modernas son demasiado complejas para reconfigurarse en apenas unos años.

Sin embargo, aunque el objetivo económico pueda ser discutible, su utilidad política es indiscutible.

El mensaje funciona. Y funciona especialmente bien en un año electoral.

Por eso, más que una estrategia puramente económica, muchos analistas consideran que estamos observando una campaña política permanente con implicaciones comerciales.

3. Seguridad nacional y la doctrina de la "cooperación sin subordinación"

Más allá de las disputas comerciales, los análisis sobre seguridad continúan reflejando un delicado ejercicio de equilibrio geopolítico entre ambas naciones.

El costo oculto de los cárteles

En un artículo publicado por The American Conservative, diversos críticos describen el lado menos visible del comercio norteamericano: la influencia que las organizaciones criminales ejercen sobre las rutas de transporte y logística en México.

Según estos análisis, numerosas empresas estadounidenses terminan absorbiendo silenciosamente los costos derivados de la extorsión, el robo de mercancías y la inseguridad.

Muchas compañías han preferido guardar silencio para evitar represalias o simplemente para no afectar sus operaciones.

Pero el problema en México existe, y cada vez resulta más difícil ignorarlo.

La línea roja mexicana

Aun así, hay una frontera política que el gobierno mexicano no parece dispuesto a cruzar.

La doctrina de "cooperación sin subordinación" continúa siendo el principio rector de la relación bilateral en materia de seguridad.

Por esa razón, las operaciones militares conjuntas, las intervenciones directas o la presencia permanente de tropas estadounidenses en territorio mexicano siguen siendo una línea roja diplomática.

Esto obliga a ambos gobiernos a depender fundamentalmente del intercambio de inteligencia, la colaboración policial y la coordinación operativa, en lugar de recurrir a mecanismos de intervención directa.

No todo son malas noticias

Mientras la narrativa de que la balanza comercial favorece excesivamente a México sigue siendo impulsada por Donald Trump y defendida con particular entusiasmo por su secretario de Comercio, Howard Lutnick, existe un desarrollo positivo que merece atención.

El Departamento de Transporte de Estados Unidos eliminó las restricciones que pesaban sobre las aerolíneas mexicanas, una decisión que produjo efectos inmediatos.

A partir de ahora, las compañías aéreas mexicanas podrán incrementar rutas, frecuencias y operaciones hacia territorio estadounidense.

Puede parecer un tema menor frente a la batalla arancelaria, pero envía una señal importante: incluso en momentos de tensión política y comercial, todavía existen espacios donde ambos gobiernos pueden alcanzar acuerdos concretos y mutuamente beneficiosos.

Y esto que le menciono, quizá ahí se encuentre la verdadera lección de esta semana.

Detrás de los discursos, los aranceles y las disputas internas de Washington, la realidad sigue imponiéndose: las economías de México y Estados Unidos están tan integradas que ninguna de las dos puede darse el lujo de ignorar a la otra por mucho tiempo.