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Marilyn y el sí

por Enrique Herbert C.
03-08-2021

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Esa madrugada acaricié la estatuilla en bronce de apenas 60 centímetros que esculpió Rodin y que adquirí en una galería de Los Ángeles.

Son los cuerpos de un hombre y una mujer en un abrazo apasionado. Cuando la compré me acompañaba mi amigo, el poeta Norman Rosten. Me dijo: “es una imagen lírica, doliente.

La postura del hombre es feroz, depredadora, casi brutal; la mujer, inocente, obediente, más que humana”. Le contesté: “Míralos Norman, qué hermosos. Él la está hiriendo pero también quiere amarla”. Me quedé observando la obra por un largo minuto —recordaba mi visita en Nueva York de la Sala Rodin en el Museo de Arte Metropolitano—, y ya no lo pensé más: pagué por el objeto deseado. Había terminado mi historia con Arthur Miller. Estaba rota. Fui a México y anduve en noches de pasión con el mexicano José Bolaños.

Regresé a Estados Unidos a cantarle al presidente John F. Kennedy. Me puse un vestido color carne, ajustado al cuerpo, un modelo atrevido. Esa noche me acompañó a la ceremonia mi exsuegro, Isidore Miller, un ser encantador. El dolor por mi separación no era el éxito de aquel símbolo sexual que todos deseaban.

Era el de una mujer en el torbellino de la vida donde el amor nunca tuvo para mi un buen destino. Era el año de 1962… me habían retirado de Hollywood.

En mi casa con muebles estilo colonial —que me regaló en México El Indio Fernández—, contemplaba la obra de Rodin. Tan pequeña y tan significativa. Había preguntado a mi psicoanalista: “¿Qué le parece? ¿Qué significa? ¿Realmente le está haciendo el amor o solo lo parece? Quiero saber lo que piensa. Dígamelo”. “Es una verdadera obra de arte”, fue la respuesta. Pensé: me estoy proyectando en la tristeza por la ausencia del amor perdido. Dudas que en realidad eran un clavo ardiente sobre mi presente. Aquella madrugada del 4 de agosto surtían efecto las pastillas ingeridas… Y así pasen 59 años de aquello nadie sabrá la verdad porque todos tienen una especulación como cierta. Ya no quise saber más acerca del futuro…

Posdata: Ejercí mi derecho al voto y taché por el Sí. Quiero pensar que el voto dominical cambiará el rostro de la historia de México y perderemos el temor a la figura presidencial. Lo necesitamos…