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Latas aplastadas revelan la huella de la violencia en Jerusalén Este

por Gamboa C. Alejandro
06-05-2026

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El proyecto tomó forma en 2017, durante una residencia en ArtCube Studios. Durante casi dos meses, Ímaz recorrió diariamente la zona palestina de la ciudad, observando cómo los restos urbanos —bolsas rotas, basura dispersa, fragmentos de aluminio— terminaban aplastados por el tránsito y el abandono. Esa repetición lo llevó a plantear lo que describe como una “arqueología de los residuos”.

La decisión inicial fue no intervenir los objetos. No limpiar, no transformar, no reinterpretar. Permitir que la materia hablara por sí misma. En ese gesto encontró una forma de documentar un entorno donde la desigualdad no solo se percibe en la infraestructura —falta de alumbrado, banquetas inexistentes, recolección irregular—, sino también en los sistemas que determinan qué puede ser reutilizado y qué queda descartado.

El hallazgo más significativo surgió al identificar una marca recurrente en algunas piezas: la inscripción “One Shekel”. Ese detalle revelaba una división material. Las latas que portaban ese símbolo podían integrarse a los circuitos de reciclaje; las demás quedaban fuera. El aluminio dejaba de ser un recurso y se convertía en residuo definitivo, marcado por su origen.

Esa diferencia llevó el proyecto hacia una lectura más amplia. En Jerusalén Este, territorio palestino bajo ocupación israelí, las categorías no solo aplican a objetos, sino a personas. Permisos, movilidad, acceso a servicios y permanencia están sujetos a reglas que delimitan quién puede permanecer dentro del sistema y quién queda al margen.

La exposición articula esa tensión a través de fotografías impresas sobre aluminio, gofrados, registros documentales y una vitrina con objetos recolectados. En conjunto, las piezas construyen una narrativa donde el aplastamiento deja de ser un accidente físico y se convierte en una metáfora de presión constante sobre una forma de vida.

Uno de los momentos más contundentes del recorrido se encuentra en la imagen de un hombre sentado frente a los restos de su vivienda. Tras cumplir con requisitos impuestos por la administración israelí, construyó su casa, pero recibió la orden de demolerla por su propia cuenta. Antes de hacerlo, pidió ser fotografiado frente a los escombros. La escena quedó como evidencia de una historia que trasciende el objeto y se instala en la memoria.

Para la curadora Sol Vargas, el valor de la obra radica en esa capacidad de lectura: los residuos no son solo desechos, sino huellas de condiciones estructurales. Ímaz lo plantea en términos directos: lo que no se nombra, no se enfrenta.

La exposición se puede visitar hasta el 28 de junio, de martes a domingo, con entrada gratuita. Más allá del recorrido artístico, la muestra funciona como un archivo que obliga a mirar lo que suele permanecer fuera de cuadro.

Con información de La Jornada.