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Las corcholatas y el poder rumbo a 2027

por Karla Pulido
21-09-2026

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Las primeras definiciones de Morena rumbo a 2027 están dejando algo más interesante que una lista de nombres: están mostrando cómo se está reacomodando el poder al interior del movimiento, justo cuando estarán en juego 17 gubernaturas.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido que ella no decide las candidaturas y que corresponde al partido, a sus mecanismos internos y a las encuestas definir los perfiles. Y el tablero que se ha ido formando permite poner esa afirmación bajo la lupa, porque no todos los personajes identificados como cercanos a Palacio Nacional terminaron favorecidos.

El caso más evidente está en Guerrero. Esthela Damián, exconsejera jurídica de la Presidencia y colaboradora cercana de Sheinbaum desde su etapa en el Gobierno de la Ciudad de México, quedó fuera. La coordinación terminó en manos de Beatriz Mojica, quien se impuso en un proceso en el que también aparecieron nombres como Abelina López y Karen Castrejón.

En Zacatecas ocurrió algo distinto, pero igualmente revelador. Ulises Mejía aparecía al frente en distintas mediciones públicas; sin embargo, la coordinación fue entregada a Verónica Díaz, un perfil ligado políticamente al grupo de los Monreal. La decisión generó inconformidad no solamente entre Mejía, sino también alrededor de otros aspirantes como Geovanna Bañuelos y Carlos Puente, y abrió una tensión con el Partido del Trabajo.

Y Michoacán suma otra pieza. Carlos Torres Piña fue designado coordinador, dejando fuera a Raúl Morón. Ahí, más que una lectura desde Palacio Nacional, el resultado ha sido interpretado como una definición favorable al grupo político del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla.

Pero el mapa es mucho más amplio. Morena ya ha colocado en la ruta de 2027 a Nora Ruvalcaba en Aguascalientes; Pablo Gutiérrez Lazarus en Campeche; Rosa María Bayardo en Colima; Santiago Nieto en Querétaro; Imelda Castro en Sinaloa; Julieta Ramírez en Baja California; y Eugenio “Gino” Segura en Quintana Roo, además de Mojica, Torres Piña y Díaz.

Y cuando uno pone todos esos nombres juntos, la pregunta cambia. Ya no se trata solamente de saber quién ganó una encuesta. Se trata de observar qué fuerzas locales, gobernadores, grupos internos y alianzas están pesando en cada decisión.

Eso también explica por qué la transparencia se vuelve central. Si las encuestas son el mecanismo que Morena presenta para ordenar su sucesión estatal, conocer metodología y resultados completos permitiría distinguir con mayor claridad cuánto pesa la opinión medida y cuánto pesan los acuerdos políticos.

Por eso, rumbo a 2027, estas primeras corcholatas cuentan una historia más grande: la cercanía con la Presidencia no garantiza por sí sola una candidatura, pero tampoco desaparecen los grupos de poder. Lo que estamos viendo es una negociación territorial, estado por estado, sobre quién conducirá la siguiente etapa de Morena.

Y quizá esa sea la verdadera disputa detrás de las encuestas: no solamente quién aparecerá en la boleta, sino quién tendrá capacidad de decisión dentro del movimiento cuando comience el siguiente ciclo político.

Fuentes de contexto consultadas: información pública reportada por EL PAÍS México, La Jornada, Expansión Política y El Financiero, septiembre de 2026.