Por Cindy Iveth Pulido Sánchez
Andy López Beltrán reaccionó a la cancelación de su visa estadounidense con una carta dirigida directamente a Donald Trump. En ella cuestionó la decisión, negó que se le hubiera presentado evidencia de actividades ilícitas y señaló directamente al secretario de Estado, Marco Rubio, y al subsecretario Christopher Landau.
La respuesta también llegó desde Washington: la Embajada de Estados Unidos recordó que una visa puede ser cancelada cuando existen razones para hacerlo y que esa facultad no depende del estatus político de quien la posee.
Hasta aquí, podríamos quedarnos con una lectura bastante sencilla: un político mexicano perdió una visa y se molestó, pero sería demasiado cómodo y aburrido.
El peso de un apellido
En este sentido, sería ingenuo ignorar que Andrés Manuel López Beltrán pertenece a una familia cuyo apellido tiene un peso político extraordinario en México. Su reacción puede leerse precisamente desde ahí: desde una cultura política en la que el acceso al poder, a las instituciones y a determinados espacios internacionales puede llegar a percibirse como algo prácticamente natural cuando se pertenece a determinadas élites.
Por eso la carta puede resultarnos una respuesta infantil, pero que la reacción de Andy pueda ser cuestionable no significa que debamos asumir que la decisión estadounidense es políticamente inocente porque… ¡Oh, sorpresa! No lo es.
Una visa no es solamente un documento migratorio. También representa una facultad soberana: la de decidir quién puede entrar y quién no, es decir: quien controla esa puerta ejerce el poder.
La visa como instrumento de poder
Estados Unidos ha dejado claro que sus decisiones de visa forman parte de una política de seguridad nacional. El Departamento de Estado incluso señala expresamente que una visa es un privilegio, no un derecho, además, Washington ha ampliado el escrutinio de la presencia digital de determinados solicitantes y exige, en diversas categorías, que sus perfiles en redes sociales sean públicos para facilitar las verificaciones.
Lo anterior significa que el Estado estadounidense posee herramientas legales y administrativas capaces de condicionar la movilidad internacional de las personas y, en determinados casos, de utilizar esa facultad dentro de una estrategia más amplia de seguridad, diplomacia y política exterior.
De hecho, los propios manuales del Departamento de Estado reconocen que la revocación de una visa de una persona pública puede tener repercusiones políticas y afectar las relaciones con otros Estados.
Por eso sería absurdo sostener que una decisión de esta naturaleza sea completamente ajena a la política y sin embargo todos están a la expectativa de que acusaciones saldrán próximamente contra los López Beltrán, dejando de lado qué mensaje produce que Washington decida quién puede cruzar su frontera y quién deja de ser bienvenido.
El sesgo no necesita un discurso
En este punto aparece otro elemento que tampoco deberíamos perder de vista: la experiencia latinoamericana dentro de Estados Unidos y es que, si bien, es necesario afirmar que NO todos los estadounidenses rechazan a los mexicanos o a los latinoamericanos, tampoco podemos ignorar que la política migratoria estadounidense ha producido (particularmente durante la administración Trump) un clima de vigilancia, sospecha y criminalización alrededor de las comunidades migrantes.
El caso de Lorenzo Salgado Araujo resulta brutal precisamente por eso. Recordemos que el mexicano de 52 años llevaba décadas viviendo en Houston y se dirigía a trabajar cuando fue interceptado por agentes de inmigración. Posteriormente se informó que no era el objetivo de la operación. ICE sostuvo que Salgado Araujo había utilizado su vehículo como arma; testigos y familiares cuestionaron esa versión y solicitaron una investigación… Él murió en medio de una operación dirigida contra otra persona.
Entonces… ¿qué ocurre cuando la sospecha sustituye a la certeza? ¿Por qué olvidamos que el gobierno de EE. UU. Funciona precisamente así? El problema del poder no comienza necesariamente cuando alguien es declarado culpable y ojo, con lo anterior no digo que “Andy” sea inocente, solo considero que estamos dejando de lado un análisis más profundo en torno a un tema que da para mucho más allá del apellido o el partido de la persona a quien le suspenden la visa.
Del cuerpo migrante al cuerpo político
Y es aquí donde conceptos como necropolítica y capitalismo gore, desarrollado por Sayak Valencia, adquieren una enorme utilidad para pensar la geopolítica contemporánea.
La necropolítica permite observar cómo determinados poderes establecen, de manera directa o indirecta, quién puede vivir, quién puede desplazarse, quién puede ser protegido y quién queda expuesto a distintas formas de violencia.
El capitalismo gore, por su parte, permite mirar cómo la violencia, la desigualdad y la vulnerabilidad de determinados cuerpos se convierten en parte de las dinámicas económicas y políticas contemporáneas.
Con lo anterior, no me refiero a que la cancelación de una visa y la muerte de un trabajador mexicano sean acontecimientos equivalentes, pero sí puede observarse que ambos acontecimientos pertenecen a una misma discusión sobre quién tiene la capacidad de decidir sobre los cuerpos de los otros.
Washington puede decidir quién entra, también puede decidir quién es sometido a un escrutinio extraordinario e incluso puede convertir determinados comportamientos, discursos o vínculos en elementos de evaluación migratoria.
Asímismo, en el terreno de la política migratoria, sus agentes pueden ejercer una fuerza cuyo costo humano ha quedado documentado en múltiples casos. Es justo este desequilibrio lo que hace que la geopolítica no pueda analizarse únicamente desde los comunicados oficiales.
La sartén por el mango
Considero que hay un análisis bien interesante que podemos hacer en torno al como alguien acostumbrado a moverse dentro de los márgenes del poder mexicano reaccione con indignación cuando descubre que existe otro poder capaz de cerrarle una puerta, sin dejar de lado la revisión a la respuesta estadounidense.
Cuando una potencia mundial decide cancelar visas a políticos, funcionarios o personajes vinculados con determinados grupos políticos, la acción tiene inevitablemente una dimensión política, aunque jurídicamente se justifique bajo criterios de seguridad.
Y si bien, esto no significa que la persona afectada sea inocente o culpable, sí podemos verlo como un mensaje muy claro que muestra como el ejercicio de una facultad legal también puede producir un mensaje político.
En este caso particular, creo que el mensaje puede ser tan sencillo como este:
Nosotros tenemos la sartén por el mango.
Al final, la discusión de fondo no es Andy. Es la relación profundamente desigual entre dos países en la que uno posee mayores capacidades económicas, militares, migratorias y diplomáticas para establecer las condiciones del vínculo.
Por eso, mientras discutimos si Andy tuvo una reacción privilegiada, conviene no perder de vista el tablero completo. Le invito a reconocer los privilegios que otorga un apellido, sin olvidar que los Estados también tienen apellidos, fronteras y poder.
Por ello, cuando ese poder decide quién puede entrar, quién debe ser vigilado y quién queda bajo sospecha, estamos hablando de algo mucho más grande que una visa: Estamos hablando de geopolítica y por supuesto que estamos hablando de poder.

