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La caída obradorista

por Federico Berrueto
27-03-2022

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Andrés Manuel López Obrador ha sido toda su vida un eficaz propagandista, razón de su éxito. Para serlo se debe prescindir del rigor de la verdad y un tanto de escrúpulos, para creer y hacer creer lo que se piensa. Queda por discutir si es, como muchos afirman, un extraordinario comunicador por su capacidad para conectar con el público. Su eficacia no es la del carisma, sino la del líder religioso en el sentido de utilizar verdades reveladas que no son expuestas al ácido de la realidad, de la lógica y, a veces, ni de la razón. Nada como la seducción de una persona plena de certezas, mucho más si se trata de una causa política.

La razón del éxito, en parte, es el fracaso de quien le antecedió y la corrupción amplia que prohijó. El mensaje obradorista cayó como anillo al dedo. Las vilipendiadas clases medias participaron para llevarle al poder; igual sucedió con muchos rehenes del descontento al que se asocia la debacle moral del gobierno peñista. Sí, porque en el terreno moral se dirimió la batalla que, con creces, ganó López Obrador.

En los primeros años se vivió la fantasía bajo la absurda tesis de que es muy fácil gobernar. Todo fue voluntarismo providencial. Se logra porque el presidente quiere. Sin embargo, las elecciones de 2021 fueron punto de inflexión. A partir de allí inicia un deterioro constante. El repudio de las clases urbanas es evidente. A mitad del camino perdió no lo más numeroso electoralmente hablando, pero sí lo más poderoso. Las encuestas son frágil refugio. Hay rechazo mayoritario al gobierno y una aparente adhesión al líder. Para quien privilegia lo electoral y la popularidad, los votos desmienten tal fortaleza. El desastre en que habrá de tornarse la ratificación de mandato evidenciará que la fiesta, desde hace tiempo, había terminado.