Ahora que se pondrán de moda las deidades griegas con motivo de la película de Christopher Nolan, La Odisea, vale la pena recordar a la diosa de la discordia Eris, que con su nombre dio paso a la dialéctica Erística y a la escuela Megárica, las cuales documentan cómo las tácticas de la ironía, la controversia, el ataque verbal y frontal son muy útiles para hacer creer a la gente que el rival es derrotado.
Los insultos, las etiquetas y las descalificaciones son de las acciones más comunes en la política y en los debates mediáticos. Hoy en entrevistas y debates televisados se busca más el show que el duelo de los argumentos.
Actualmente en las mesas radiofónicas o de debates televisados los voceros electorales utilizan falacias o técnicas Ad Hominen cuyo objetivo es descalificar las afirmaciones de su contraparte con ataques directos hacia sus personas.
Las agresiones verbales buscan desvirtuar y descalificar todo lo que el rival llegue a expresar por solo el hecho de sus creencias políticas, sus valores, sus principios, el color de su piel, el origen étnico, pero nunca intentarán refutar el argumento central del análisis.
¡Ataca a la persona y con eso vencerás!, ¡Di que es de izquierda, que es de derecha, que es miembro de la delincuencia organizada o que es borracho! Así y de ese nivel es la absurda estrategia sugerida por ocurrentes consejeros. Pareciera que desviar la atención para invalidar argumentos les pudiera sumar más adeptos a sus asesorados.
El juego del insulto y de la descalificación en medios solo genera morbo y rating, pero nunca aceptación e intención de voto para quien las emita.
Otra de las tácticas mediáticas de los políticos de hoy refiere a conceptos como Ad Lapidem que consiste en calificar a los argumentos del contrincante como absurdos o ridículos, pero sin aportar la razón fundada y motivada para hacerse merecedor del descalificativo.
Esta acción nunca abordará la validez de las posturas en disputa, su meta es desestimar sin interiorizar, rechazar sin razonar. Decir que algo es absurdo o un disparate no refuta razonablemente un argumento.
En un análisis personal de más de 300 entrevistas y mesas de análisis transmitidos en radio y televisión localizadas en plataformas y redes sociales se advierte que los representantes del oficialismo utilizan falacias Ad Hominen con mayor frecuencia, mientras que la oposición utiliza en más ocasiones Ad Lapidem y sin dejar obviamente de lado la agresión personal.
Debatir honestamente y sobre el contenido de las temáticas pareciera estar fuera de moda, por no ser rentable, o por ser percibido como aburrido y poco viralizable en las redes sociales, sin embargo, el Ad Rem, el argumento sólido, comprobable, relevante y sin rodeos es lo que más confianza y credibilidad otorga a las personas que se dedican a la política.
Si los noveles políticos, portavoces principiantes y novatos asesores quieren ligeramente adentrarse en el mundo de las estrategias de las declaraciones políticas y electorales en medios, bien podrían leer la Dialéctica erística o el arte de tener razón, expuesta en treinta y ocho estratagemas de Arthur Schopenhauer, lo que les permitiría conocer el arte de ganar discusiones mediáticas y de cómo profesionalizar a voceros de contraste antes de ser tan ocurrentes.
Sin embargo, la prematura precampaña y arranque de campañas intensificará el uso de todo tipo de artilugios que les permita poner en uso y expresa todo su histrionismo y protagonismo para ganar encuestas, nominaciones y apadrinamiento de las dirigencias.
Todo apunta que la clase política nacional hará honores a la diosa Eris, pero no como en los tiempos griegos, sino muy a la mexicana.
Para el lineamiento oficial NO son tiempos de campaña, pero para los partidos políticos ya se busca conectar, comunicar y convencer, ojalá sea con estrategia y no con ocurrencias.

