El expresidente Andrés Manuel López Obrador reapareció públicamente para llamar a los mexicanos a enviar ayuda económica a Cuba. Desde su retiro en Palenque convocó a la población a solidarizarse con la isla, argumentando que el pueblo cubano enfrenta una situación difícil y necesita apoyo internacional. El gesto puede presentarse como humanitario. Sin embargo, también plantea una pregunta incómoda que muchos ciudadanos ya comienzan a formular: ¿por qué un expresidente mexicano considera prioritario movilizar recursos de los mexicanos hacia otro país cuando México enfrenta sus propias crisis internas? México no es precisamente una nación sobrada de recursos. La violencia sigue siendo una de las principales preocupaciones nacionales, los sistemas de salud atraviesan presiones constantes, millones de personas viven con ingresos limitados y el país carga además con los costos económicos y sociales derivados de los flujos migratorios que cruzan nuestro territorio. Durante años se nos ha dicho que el presupuesto no alcanza, que los recursos son limitados y que el país debe administrar con cuidado cada peso público. Bajo esa lógica, resulta inevitable que muchos ciudadanos se pregunten por qué ahora se convoca a financiar causas fuera de nuestras fronteras. México ha sido históricamente solidario. Lo fue con refugiados políticos en el pasado, lo ha sido con migrantes y lo ha sido con ayuda humanitaria en distintas partes del mundo. Pero la solidaridad internacional también tiene límites razonables: empieza por atender las necesidades de la propia casa. Otro punto que no puede ignorarse es el papel de los expresidentes en la vida pública. López Obrador prometió retirarse completamente de la política al terminar su mandato. Sin embargo, su voz sigue teniendo peso político, mediático y simbólico. Cuando habla, no lo hace simplemente un ciudadano; habla un exjefe de Estado cuya figura aún influye en millones de personas. Y cuando un expresidente utiliza ese capital político para posicionarse sobre temas internacionales, inevitablemente se reabre el debate sobre la verdadera naturaleza de su retiro. Porque la política exterior de un país no puede construirse sobre simpatías ideológicas ni sobre nostalgias políticas. Debe responder, antes que nada, al interés nacional. México puede ser solidario con el mundo, sí. Pero antes de mirar hacia fuera, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién está convocando a la solidaridad con los propios mexicanos?

