La Divisa del Poder
Adrián Trejo
La comparación que hizo el co-dueño del Partido Verde, Manuel Velasco, de Omar García Harfuch con Pedro Infante, fue como el beso de Judas.
Velasco quiso quedar bien con el secretario de Seguridad Pública federal y terminó enviándolo al foso de los leones de Morena, quienes lo ven como una amanera para su futuro, por las razones que sean.
La popularidad del jefe policiaco trae de cabeza a quienes se consideran “lopezobradoristas puros’’, que lo consideran un advenedizo contrario incluso a los dictados de su tlaotani, quien de plano lo vetó para ser jefe de gobierno de la CDMX, como pretendía la hoy presidenta Claudia Sheinbaum.
El origen del odio de los radicales morenistas, impulsado por el propio López Obrador, radica no en sus resultados como jefe de la policía capitalina, sino por su árbol genealógico.
García Harfuch, como sabe, es nieto del general Marcelino García Barragán, quien era el secretario de la Defensa Nacional cuando ocurrió la matanza del 2 de octubre de 1968.
La responsabilidad de esa masacre fue atribuida al Ejército por órdenes del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, ejecutada por García Barragán.
El padre de García Harfuch, Javier García Paniagua, fue director de la tan temida Dirección Federal de Seguridad responsable del combate de los movimientos guerrilleros de fines de los sesentas y la década de los setentas.
Fue además secretario de Trabajo y presidente del PRI nacional, y aspirante a la candidatura presidencial en el año 1981.
Su formación policiaca se entiende por los antecedentes familiares, que no les gustan a los radicales de Morena.
El secretario de Seguridad es, ahora mismo, el principal candidato al presidencia que tiene Morena, seguido de Marcelo Ebrard.
Ninguno de los dos es bien visto por los fanáticos lopezobradoristas en el poder, aunque en ambos recae la responsabilidad de resolver los principales diferendos entre los gobiernos de México y Estados Unidos en materia de seguridad y comercio.
Pero, a diferencia de Ebrard, que ya quizo ser candidato en dos ocasiones -en una encabezaba las preferencias pero cedió el lugar a López Obrador-, Harfuch estaría compitiendo, si lo dejan, por primera vez.
No solo es popular, como lo demuestra el hecho de que en cada aparición en el Congreso la mayoría de los senadores y diputados de Morena, sobre todo del género femenino, por simpatía (o precaución), buscan la selfie obligada.
Es, en ese sentido, el Peña Nieto de Morena.
Tal fama le puede ayudar, pero en este momento lo ha puesto de tiro al blanco para el fuego amigo.
Se filtró el regaño de la presidenta porque se acataron aparentemente sin verificar al interior las sanciones que Estados Unidos impuso a 21 mexicanos acusados de colaborar financieramente con la delincuencia organizada.
El gobierno de Trump lo tiene como interlocutor válido, lo que suma a su causa, a contrapelo del discurso presidencial que toma cualquier decisión del gobierno vecino como “injerencia’’.
Es temprano aún en la carrera por la candidatura presidencial del 2030, pero ahora mismo, incluso reconocido por la oposición, García Harfuch es el contendiente a vencer.
Por eso, el secretario de Seguridad, se tiene que cuidar.
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Como andamos en un circo de 10 pistas en materia política, ha pasado casi desapercibida la monstruosidad que pretenden cometer la jefa de gobierno de la CDMX, Clara Brugada, con su Programa de Reordenación Territorial de la Zona Metropolitana del Valle de México.
Brugada propone que el impuesto predial se pague ya no conforme a valor catastral sino a valor de mercado, lo que elevaría exponencialmente el costo de ese impuesto.
La propuesta es que se pague el 1% del valor comercial del inmueble (si vale 10 millones según el mercado, tendrá que pagar 100 mil pesos, por ejemplo).
También que se grave lo que llama “el desperdicio urbano’’, es decir, aplicar un impuesto especial a los terrenos baldíos o sub utilizados.
Y cuando se refiere a sub utilizados, se refiere al hecho de que, por ejemplo, si tiene un predio de 400 metros cuadrados y su construcción solo abarca 200, entonces los otros 200 le sobran; por lo tanto, impuesto.
Hay otra aberración en la propuesta.
El dichoso plan establece que se crearán Polígonos de Desarrollo y Construcción Prioritarios, que determinará la autoridad.
Si usted tiene una terreno baldío dentro de esos perímetros, el gobierno le fijará un plazo de dos a cuatro años para que construya y si no lo hace, la propiedad entrará a una subasta pública para su venta, lo quiera o no.
Este no es el primer intento de un gobierno capitalino de ahorcar a la propiedad privada con fines recaudatorios, pero sí el más ambicioso.
Si esto no es suficiente para protestar, nada lo será entonces.

