El entorno geopolítico comenzó a impactar la narrativa del Mundial de 2026. Representantes vinculados al gobierno de Irán han planteado la posibilidad de revisar la distribución de sedes, con cuestionamientos directos hacia la participación de Estados Unidos como eje principal del torneo.
El argumento parte de la participación indirecta de Estados Unidos en conflictos internacionales activos. Bajo esa lógica, la petición sugiere trasladar mayor peso operativo a otros países anfitriones, particularmente a México, que cuenta con tres sedes confirmadas y experiencia previa en organización mundialista.
Hasta el momento, la FIFA no ha emitido una postura oficial sobre este planteamiento. Fuentes cercanas al organismo señalan que cualquier modificación implicaría revisar contratos comerciales, acuerdos de transmisión y compromisos logísticos ya establecidos.
México aparece como una alternativa viable en términos operativos. Estadios como el Estadio Azteca, el Estadio BBVA en Monterrey y el Estadio Akron en Guadalajara forman parte del esquema original, lo que permitiría absorber un mayor número de partidos sin rediseñar completamente la infraestructura.
La discusión se mantiene en el terreno político más que en el deportivo. Sin embargo, introduce una variable que la FIFA no contemplaba en el diseño inicial del torneo: la influencia directa de tensiones internacionales sobre la organización de un evento global.