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La próxima elección se va a ganar (o perder) en un chat de IA

por Roberto Aurioles
01-10-2026

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Imaginen la escena. Estamos a una semana de las elecciones. Un video se vuelve viral en cuestión de horas. En él, un candidato aparece diciendo algo que jamás dijo. La voz es idéntica. El rostro es idéntico. Los gestos son idénticos. Pero es falso. Fue creado con inteligencia artificial en menos de diez minutos.

Para cuando los verificadores logran desmentirlo, el video ya fue visto por millones de personas. La elección ya está en marcha. Y la mentira, aunque desmentida, ya dejó su huella.

Esto no es teoría. Ya pasó en Argentina, en Eslovaquia, en Estados Unidos. Y va a pasar en México.

La inteligencia artificial generativa ha democratizado la mentira. Antes, producir un video falso convincente requería equipos de producción, actores y semanas de trabajo. Hoy, cualquier persona con una computadora y acceso a internet puede hacerlo en minutos. El costo de crear desinformación se ha desplomado. El costo de desmentirla sigue siendo altísimo.

Pero el problema no es solo la tecnología. Es la velocidad. La IA no solo crea contenido falso; lo amplifica. Los algoritmos de las redes sociales están diseñados para priorizar lo que genera más interacción, y nada genera más interacción que una mentira bien contada. La verdad, en cambio, es aburrida. Es matizada. No se comparte tanto.

El resultado es un ecosistema informativo donde la mentira viaja más rápido que la verdad, donde la desinformación se disfraza de evidencia, y donde los ciudadanos toman decisiones electorales basándose en ficciones.

¿Qué se puede hacer? La respuesta no es censurar. La respuesta es educar. Enseñar a los ciudadanos a verificar fuentes, a desconfiar de lo que ven y no pueden confirmar, a entender que la IA puede crear cualquier cosa que se le pida. La respuesta también es regulatoria: exigir a las plataformas que etiqueten el contenido generado por IA, que inviertan en verificación, que asuman su responsabilidad en la integridad del debate público.

Pero la respuesta más importante es cultural. Tenemos que dejar de consumir información como consumimos entretenimiento. La democracia no se sostiene sobre videos virales. Se sostiene sobre ciudadanos informados, críticos, capaces de distinguir entre lo que es verdad y lo que simplemente les gusta creer.

La próxima elección no se va a ganar en las urnas. Se va a ganar en los chats, en los feeds, en los algoritmos. Y si no nos preparamos, vamos a perder algo más que una elección: vamos a perder la capacidad de saber qué es verdad.

Roberto Aurioles