logo
header-add

Gobernar para la cámara

por Javier Esquivel
14-08-2026

Comparte en

“Venimos a poner orden y aplicar la ley”, dice una alcaldesa mientras encabeza una Operación Rastrillo. En otra alcaldía, un funcionario toma un pesado mazo y comienza, con cierta torpeza, a derribar estructuras metálicas que invaden la vía pública. En otra colonia, una alcaldesa, jeans y camisa arremangada, enfrenta a propietarios de vehículos y talleres improvisados.

Retirar tambos, mesas, bancas, puestos, vehículos o estructuras que obstruyen la vía pública es obligación de la autoridad. El espacio público pertenece a todos y los reglamentos deben cumplirse.

El problema comienza cuando aplicar la ley se convierte en espectáculo político.

Porque una cosa es recuperar una banqueta y otra muy distinta convertir el mazo, la camioneta oficial y la cámara en símbolos de gobierno.

El problema no es el mazo. Es la prioridad.

Los datos deberían obligar a los alcaldes a preguntarse si están comunicando lo que realmente preocupa a la gente.

En marzo de 2026, 82.7% de los adultos identificó los baches como uno de los principales problemas de su ciudad. El 59.2% señaló fallas o fugas de agua potable; 56.3%, alumbrado insuficiente; 52.1%, delincuencia, y 28%, ineficiencia en la recolección de basura.

La pregunta es inevitable:

¿Por qué la cámara encuentra tan fácilmente al alcalde retirando una mesa, pero cuesta tanto encontrarlo resolviendo aquello que más preocupa al ciudadano?

Un gobierno puede retirar cientos de puestos y seguir teniendo calles llenas de baches.

Puede levantar mesas y mantener fugas de agua.

Puede cargar tambos en una camioneta oficial mientras persisten problemas de basura, alumbrado o inseguridad.

En marzo de 2026, Cuauhtémoc reportó la recuperación de 9,165 metros cuadrados de espacio público y el retiro de 5,100 kilos de obstáculos. Benito Juárez informó el retiro de 334 puestos y 2,282 enseres durante 2025.

Son acciones legítimas.

Pero un gobierno no debería medirse por cuánto derriba, retira o decomisa, sino por cuánto resuelve.

La autoridad también puede generar hartazgo

El comercio informal tampoco desaparece porque una camioneta se lleve un puesto.

Es un fenómeno económico, social y político. Para miles de personas representa una fuente de ingresos y, en ocasiones, la única alternativa disponible para sobrevivir.

Eso no significa que puedan apropiarse de una banqueta.

Significa que la autoridad debe resolver el problema completo, no solamente moverlo de lugar.

Y existe otra pregunta incómoda: ¿se aplica la ley con la misma intensidad para todos?

Porque el ciudadano observa quién fue retirado, pero también quién no.

Ve al comerciante al que le quitaron una mesa y al negocio que mantiene ocupada la banqueta. Ve al puesto que desaparece de una esquina y reaparece unos metros adelante.

No se trata de acusar sin pruebas de corrupción o acuerdos políticos. Se trata de reconocer una percepción que puede ser devastadora:

cuando la ley parece tener distintas velocidades, el operativo deja de representar orden y comienza a representar poder.

No todo lo que funciona en TikTok funciona para gobernar

Un video de 30 segundos en el que un alcalde derriba una estructura es visual, sencillo y viralizable.

Tapar baches no tanto.

Resolver una fuga de agua tampoco.

Mejorar la recolección de basura difícilmente se convierte en espectáculo.

Y ahí está la trampa.

La comunicación puede terminar premiando la acción más fotogénica, no la más importante.

El funcionario quiere proyectar autoridad y puede parecer autoritario.

Quiere demostrar cercanía y puede parecer oportunista.

Quiere mostrar eficiencia y termina exhibiendo prioridades equivocadas.

La gente no vota por el mazo

Los alcaldes pueden ponerse los guantes, cargar el mazo, retirar puestos y despejar banquetas.

Todo eso puede ser necesario.

Pero la ciudadanía no vota por quién golpea más fuerte una estructura metálica.

Vota por quién consigue que su ciudad funcione mejor.

Porque cada bache es un recordatorio de gobierno.

Cada fuga, una deficiencia.

Cada calle oscura, una ausencia.

Cada bolsa de basura acumulada, una promesa incumplida.

Por eso la pregunta antes de publicar el próximo video debería ser sencilla:

¿Esta imagen demuestra que resolvimos un problema o solamente que estuvimos presentes cuando lo resolvimos parcialmente?

Hay una diferencia entre gobernar y posar.

Entre administrar y escenificar.

Entre aplicar la ley y utilizarla como contenido.

Gobernar no es aparecer donde está la cámara. Es estar donde está el problema.

Y si después de retirar los tambos siguen los baches; si después de levantar las mesas sigue faltando agua; si después de desmontar los puestos continúa la inseguridad...

quizá el gobierno no está resolviendo el problema.

Está resolviendo la fotografía.

Y ese es un lujo que los ciudadanos pueden terminar cobrando en las urnas.