José Luis Camacho Acevedo
El show de medio tiempo del Súper Bowl celebrado el pasado domingo protagonizado por el reguetonero Bad Bunny, generó consideraciones bastante críticas que se refieren a un nuevo racismo de Donald Trump.
Esas consideraciones, que vuelve a poner en el foro mediático las ideas de los Obama o, específicamente, a los videos del Super Bowl, como la nueva cara de Estados Unidos, perfilan un rostro que ya no es solamente rubio y la presencia de un idioma dominante, ello a pesar de los esfuerzos del mandatario norteamericano por rescatar esos símbolos.
El Conejo Malo reivindicó la lucha que libra la población latina que vive en Estados Unidos porque se le respeten sus derechos humanos.
La cadena TUDN proyectó en cifras el impacto que tuvo para el efecto mencionado en contra de un nuevo racismo la actuación de Bad Bunny en el juego final de la NFL:
Cifras preliminares señalan, a menos de 24 horas del final del partido que vio a los Seattle Seahawks levantar su segundo trofeo Vince Lombardi, que Bad Bunny rompió todos los récords de audiencia de la NFL en el juego final.
Es decir, el puertorriqueño estableció una nueva cifra de televidentes con un conteo parcial de 135.4 millones en todo el mundo, de acuerdo con la cadena NBC.
Esto significa que el 'Conejo Malo' superó a Kendrick Lamar y sus 133.5 millones de espectadores el año pasado en la edición 59 del Super Bowl, el cual presumía el récord de mayor audiencia en la historia de la NFL.
CNN en Español apuntó:
“En los casi 14 minutos que duró su presentación en el halftime show del Super Bowl LX, Bad Bunny logró algo que parecía imposible: reunir todos los símbolos, costumbres y objetos que definen la identidad puertorriqueña, en un mensaje que reivindicó el amor por encima del odio y la fraternidad entre los países que integran el continente americano.
Fue un espectáculo que reprodujo en vivo muchas de las imágenes que Bad Bunny ha usado en la promoción de su álbum “Debí tirar más fotos”, con referencias a una vida más sencilla conectada con lo rural. La primera imagen ya es una declaración de intenciones, con Bad Bunny recorriendo una plantación de caña, acompañado de campesinos que llevan la pava, el sombrero de palma típico de los jíbaros del norte de Puerto Rico.”
Hoy se presenta en México el libro que coeditan Julio Scherer Ibarra y el talentoso periodista Jorge Fernández titulado “Ni Venganza ni Perdón”, un texto que, sin duda, levantará mucho polvo en los medios políticos nacionales.
Aunque los comentarios dominantes en México, y toda América Latina, siguen siendo sobre el mensaje que envió el Conejo Malo en su presentación en el Súper Bowl del domingo pasado.
Scherer y Jorge Fernández enjuicia y aplastan a López Obrador por la permisividad casi perversa que dio a Jesús Ramírez Cuevas para que difamara a personajes de los sectores público y privado a través de filtraciones a sus inventos mediáticos como Lord Molécula, creaciones diabólicas que se asegura costaron millones de pesos al erario nacional.
Pero la reivindicación que logró Bad Bunny, representa un hecho social de dimensiones verdaderamente inesperadas.

